La participación de la mujer en la política y el nuevo proceso constituyente.

Por: Alejandra Santander Olave, Estudiante de Derecho, Universidad San Sebastián.

Columna de Opinión


La participación de la mujer en la política y el nuevo proceso constituyente.


La poca participación de las mujeres actualmente y a lo largo de la historia política chilena es bastante alarmante. En pleno siglo XXI recién se legislan temas (y no en su totalidad) tan importantes para las mujeres como lo son el aborto, leyes que penalizan la violencia intrafamiliar y la violencia en el pololeo, entre otras.


Las cifras del SERVEL (2017) son claras, indican que solo 6 mujeres fueron elegidas senadoras de los 23 escaños en total que se debían elegir dicho año, representando un 26,1%. Tampoco estuvieron ajenas las diputadas electas, solo 35 de los 155 escaños disponibles son ocupados por mujeres, siendo un 22,6%. Esto, representa la alta oportunidad que tienen los hombres en política, repitiendo el patrón de elegirlos para cargos políticos por sobre las mujere, además se evidencia la poca confianza que tiene la población votante en las candidatas a puestos en la presidencia, el senado, cámara de diputados, alcaldías, etc. Así podemos notar que producto de lo mencionado anteriormente, Chile recién tuvo su primera presidenta el año 2006.


Considero que, la participación de la mujer en política es baja, puesto que, en primer lugar: me parece inadecuado e ilógico que quienes legislaron el proyecto de aborto en las 3 causales sean en su mayoría hombres. Es inadecuado que, quienes decidan por nosotras, y qué hacer con nuestro cuerpo, sean en mayoría hombres y no comprenden lo que es llevar un embarazo a cabo, más aún cuando este es no deseado.


Sería ideal que sólo legislaran sobre el aborto personas que tienen la opción de concebir, pero eso es imposible. Por ende, lo oportuno hubiese sido que legislaran mitad y mitad el proyecto, es decir, tanto hombre como mujeres, aunque aún así no sería posible tener una votación a favor debido al bajo porcentaje de mujeres en la Cámara de Diputados y en el Senado. Lo único medio rescatable es que se logró la aprobación de las 3 causales y que el proyecto fue presentado por el gobierno de la ex Presidenta Michelle Bachelet.


En segundo lugar, pienso que no debería haber sido discutido el tema de la paridad de género para la redacción de la nueva Constitución. Debería ser algo lógico para todos que, quienes lo hicieren, fuesen mitad “hombres” y mitad “mujeres”. Cuando se firmó el Acuerdo por la Paz y la nueva Constitución, se debería haber pactado una solución equitativa en lo que respecta a la redacción de esta y de acuerdo a quienes la redactarían, así nos hubiésemos ahorrado ver y escuchar los dichos tan nefastos de ciertas diputadas y diputados en contra del proyecto de paridad.


La paridad de género es ideal para poder garantizar una participación democrática de las mujeres en el proceso, porque como sabemos, la constitución de 1980 fue redactada en una minoría, en la cual sólo hubo participación de 2 mujeres versus 9 hombres en la cmosión durante todo el proceso. Dejando en evidencia que además que ser una constitución lo menos democrática posible, casi no tomaron en cuenta la opinión de no sólo dos, sino que, de millones de mujeres.


Asimismo la redacción de la nueva Constitución garantiza un hito para la lucha del feminismo, ya que participarán en ella al menos la mitad de mujeres y podremos tener más opciones de que se tomen en cuenta los derechos que tanto anhelamos. Con esta paridad de género se nos da la oportunidad que como mujeres podamos expresar nuestras opiniones, ya sea, en reuniones, cabildos, asambleas, etc; sin que seamos víctimas de “mansplaining”. Además, la oportunidad de que sea una Constitución que vele por los derechos que durante años hemos pedido.


Es por lo anterior que opto por plasmar en esta columna que la nueva Constitución debe ser una Carta Fundamental Feminista.


En tercer y último lugar, la tardía participación de la mujer en la política, mediante el voto. La mujer recién pudo votar en el siglo XX y esto, gracias a los movimientos feministas de la época, movimientos que lucharon porque tuviéramos derecho a voto, derecho a ser escuchadas, a que nuestra opinión sea tomada en cuenta.


Además de que las estadísticas de las últimas dos elecciones presidenciales muestran cifras de participación de las mujeres mayor que la de los hombres, indicio que, según mi interpretación, demuestran que quienes están más interesadas y comprometidas con la participación política y el progreso de ésta son las “mujeres”.


En definitiva y haciendo anhelo a todo lo mencionado, las cifras muestran que, desde que las mujeres votamos ha ido creciendo cada vez más la participación de nosotras en elecciones. Es por ello, que, debemos fomentar la participación de mujeres en política ya sea en movimientos sociales, partidos políticos, votaciones, campañas, etc.


Participación con el fin de poder tener en cuenta la opinión de todas y que ninguna se quede fuera. Que participemos en espacios políticos y construyamos juntas el sentido del feminismo, juntas poder construir una sociedad más igualitaria, sin discriminación, si violencia de género y lo que es más importante, una sociedad equitativa donde no exista el machismo y triunfe el liderazgo femenino.



Menu de Interacción

Inicio

Edición

Códigos

Central de Apuntes 

Contacto

Siguenos en:

  • Facebook
  • Instagram

© 2020 Revista Erga Omnes. Todos los derechos son reservados