Perspectiva de Género: un enfoque necesario

Actualizado: ago 1

Por: Angela Fernanda Castillo Pinto, Egresada de Derecho Universidad de Tarapacá, certificada como monitora en prevención de violencia.

Columna de Opinión


Perspectiva de Género un enfoque necesario


Pertenecer al género femenino trae consigo una carga que a lo largo de la historia se ha perpetuado y es que, por el simple hecho de ser mujer, se nos coarta, se nos discrimina, se nos maltrata, se nos quita la vida. Estos ejercicios violentos de poder basados en la identidad de género o en la orientación sexual de las víctimas es a lo que nos referimos como violencia de género.


Enfrentar esta realidad, donde la mujer se ve enfrentada a relaciones de poder históricamente desiguales, que atentan contra su integridad física y psíquica, nunca ha sido fácil, debido a que sacar a las personas de las conductas “normalizadas”, no es algo que traiga comodidad.


Actualmente, hablar sobre la lucha que busca erradicar la violencia de todo tipo en base al género, no es distinta, pues suele ser una temática que llega a molestar bastante, por lo naturalizado que se tenían ciertas conductas violentas o discriminatorias.


Los datos de la ONU concluyen que, en todo el mundo, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, principalmente por parte de un compañero sentimental; solo el 52% de las mujeres casadas o que viven en pareja decide libremente sobre las relaciones sexuales, el uso de anticonceptivos y su salud sexual; 750 millones de mujeres fueron casadas antes de los 18 años y más de 250 millones han sufrido mutilación genital.


Por lo tanto, incomodo o no, la visibilización e identificación de la violencia contra la mujer significó para muchas personas cuestionarse lo establecido, y en específico para las mujeres significo que el silencio ya no sería algo cotidiano.


Hoy, el objetivo es reivindicar la autonomía de las mujeres sobre su propia vida y decisiones, y además que, se llegue a entender lo indispensable que es proporcionar en todos los espacios, tanto públicos como privados, una equidad entre mujeres y hombres. La inclusión de una perspectiva de género trae consigo una visión equitativa de la realidad.


La idea es que lleguemos al punto de medir a las personas por sus aptitudes y/o habilidades y no simplemente por una cuestión de género. De igual manera se aspira a erradicar y deconstruir todos aquellos patrones que fomenten la superioridad absoluta del hombre por sobre la mujer, la llamada dominación.


Cuando nosotros le entregamos herramientas a los niños que los llevan a creerse superiores solo por el género, les entregamos herramientas de dominación. Cuando se les enseña a los niños a responder la violencia con más violencia, o le enseñamos a las niñas a pensar que los niños las molestan y/o agreden porque las quieren, estamos distorsionando su realidad y mostrándole un camino muy alejado del respeto y del amor propio. Desde este momento y con esa educación formamos a futuros adultos que manifiestan ideas como, por ejemplo: ‘‘Le pegó porque se lo merecía’’ – ‘‘Me gritó, pero yo lo provoqué’’.


Cuestión necesaria para trabajar la prevención de la violencia, es tener claro desde donde viene, como es que se genera, y que conductas debemos erradicar. No debemos olvidar que todos tenemos un rol importante que jugar y con esto poner fin a la violencia.


Por otro lado, es importante mencionar que, aun no habiendo golpes o empujones, es decir contacto físico, igualmente se puede configurar un patrón de abuso, el cual se suele asociar con maltratos de orden psicológico, emocional, sexual y económico, entre otros. La violencia física es solo parte de un extenso patrón de abusos, siendo estos actos y conductas de tipo voluntarias, lo cual implica entender que la violencia contra la mujer es justamente lo opuesto a una pérdida momentánea de control. Es erróneo reconocer esta violencia como algo “momentáneo” pues, por un lado, la delimita como un acto aislado, puntual y casi por accidente; y por otro, invisibiliza que hay una decisión y/o una intención razonada de ejercer esa violencia. Siguiendo la misma lógica, cabe destacar que la víctima jamás busca voluntariamente una situación así, y jamás será merecedora de la misma.


La frase “a las mujeres abusadas les gusta ser maltratadas, si no se alejarían de sus agresores”, es un de estos mitos, que se encuentra notoriamente alejado de la realidad. Es fundamental tener presente que las mujeres que sufren situaciones crónicas de abuso no pueden salir de ellas por razones emocionales, sociales y económicas, entre muchas otras. Que lejos de ser fáciles de entender, termina siendo importante su análisis para poder brindar el apoyo que necesitan, sin ser juzgadas.


La psicóloga estadounidense Leonor Walker documento el ciclo de la violencia, mostrándonos así patrones y comportamientos comunes en relaciones toxicas. Este ciclo consta de tres fases; La primera fase llamada ‘‘Acumulación de la tensión’’, la segunda fase llamada ‘‘Estallido de la Tensión’’ y tercera fase llamada ‘‘Arrepentimiento, conciliación o Luna de Miel’’.


En la primera fase (acumulación de la tensión), la tensión es gradual, existe un aumento de conflictos que se tornan violentos. El agresor demostrara su violencia de manera verbal y en algunas ocasiones física, existiendo cambios repentinos de humor y minimizando el episodio de violencia. La mujer por su parte siente tener cierto grado de control sobre la situación y el agresor, esperando que no vuelva a pasar ‘‘por ser algo puntual’’.


La segunda fase (estallido de la tensión) se caracteriza por una descarga incontrolable de la tensión que se viene acumulando en la fase uno, acá se llegan a producir las agresiones físicas, psicológicas y/o sexuales más importantes. La mujer en esta etapa siente miedo y angustia. Es normal que se paralice y le toma tiempo asimilarlo, de igual manera se encuentra anulada desde un punto de vista psicológico, su autoestima y confianza se ven minimizadas, y el aislamiento es tal, que pierde contacto con sus círculos sociales.


Ya en la tercera y última fase (arrepentimiento, conciliación o de luna de miel) el agresor muestra remordimiento, llevando a evidenciar lo consiente que esta de las agresiones. De manera enfática demuestra cariño y atenciones, sus conductas agresivas podrían cesar por un periodo, para así reforzar en la mujer la idea que no volverá a suceder. La mujer refuerza esta idea de seguir adelante y comienza a dudar de las intenciones que podría haber tenido de confiarle esto a alguien o incluso denunciar.


El ciclo de la violencia muestra lo progresivo de las agresiones y lo difícil que es salir de una situación así, ya que el daño y la manipulación son graves. Esto lleva a que una mujer transite por este círculo repitiendo una y otra vez las mismas fases. Es una decisión íntima y personal de la víctima decir basta, pues existe de por medio un gran esfuerzo y a la vez agotamiento, que la motiva a buscar su propia seguridad. Toda herramienta que se entrega debe ir de la mano con la paciencia y el apoyo constante, debido a que, muchas veces los que rodean a la víctima ven con más claridad el peligro que ella misma no es capaz de vislumbrar.


Por otro lado, es notorio que la perspectiva de las instituciones y la legislación sobre violencia de género es poco asertiva, pues tratan esta temática desde un punto de vista muy común, se ha dejado de lado la idea de instaurar como un principio fundamental la perspectiva de género.


Nuestra legislación actual presenta una gran falla, al dejar que todo el proceso judicial descanse sobre la participación de la víctima, es aquí donde nos topamos muchas veces con la retractación y el desistimiento de una denuncia, y ambas tienen un impacto en el sistema, afectando a la investigación en lo relacionado a cómo termina el proceso y en la persecución de ciertos delitos.


No existe establecido de manera eficaz un mecanismo de control y seguimiento para las condiciones de una salida alternativa, medidas cautelares y medidas accesorias, asegurando lo que es principal, la seguridad de la víctima. Puntualmente la medida cautelar de prohibición de acercamiento a la víctima, termina siendo muy poco eficaz debido a que, es la mujer quien debe encargarse de portar una copia de esta medida y traerla consigo (tal cual uno porta la cedula de identidad), ya que la única manera de hacerla valer es mostrándola al carabinero que llega al llamado de la víctima, y de esa manera comprobarlo. La institución de Carabineros necesita tener una base de datos que contenga las medidas cautelares vigentes dentro del país, para poder brindar una mejor ayuda a quien está siendo víctima de violencia, y con esto hacer realmente efectiva la medida, puesto que como son las cosas muchas veces Carabineros no encuentra al agresor.


Es inevitable recordar un caso en que, una víctima de violencia teniendo medida cautelar de prohibición de acercamiento vigente y fecha de juicio oral próxima, se repite en su vida un nuevo episodio de violencia. El agresor llega con claras intenciones de irrumpir en el hogar, propinando amenazas de muerte a la mujer desde el exterior. La mujer llama a carabineros y al lograr contactarse estos señalan no poder dirigirse al domicilio por no contar con patrullas a disposición. La misma mujer al principio de ese proceso se ve expuesta al criterio que tuvo un Fiscal el cual considero ‘‘demasiado’’ solicitar prisión preventiva para el agresor en el respectivo control de detención, debido a que era ‘‘solo una causa de amenazas’’. Amenazas configuradas al mismo momento que el delito de desacato, pues este agresor ya contaba con una suspensión condicional del procedimiento, con la misma víctima, ante lo cual él estaba obligado a no acercarse. Las amenazas propinadas en esa oportunidad no solo fueron verbales ya que desde la calle mientras las propinaba se disponía a ejecutar tres disparos al aire, dejando claras evidencias no tener problemas con usar su arma. Afortunadamente, la causa de esta mujer concluye con sentencia condenatoria a su favor, y a pesar de que fue extenso y a la vez peligroso, se logró que el agresor cumpliera su condena de manera efectiva, es decir, privado de libertad.


Se debe dejar claro que, aun el sistema presentando fallas, es indispensable se acuda a él. Lo relevante de activar los protocolos, realizar la denuncia, abrir los canales por medio de las instituciones correspondientes, puede marcar una gran diferencia. De lo contrario la víctima se encontrará cada vez más aislada, la reparación no se logrará y no abran opciones reales de frenar la situación crónica de abuso.


Esta realidad muchas veces ignorada, se encuentra en una etapa donde la violencia contra la mujer es una causa de muerte e invalidez, tanto o más grave como el cáncer de mamas. Las mujeres en su mayoría están muriendo alrededor del mundo por la violencia de género, sin ir más lejos La ONU considera a la violencia de género como la vulneración más extendida de los derechos humanos en el mundo.


En síntesis, las experiencias apuntan a lo urgente de instaurar la perspectiva de género en toda área, y en toda institución, sin distinción alguna. Porque si no aplicamos la perspectiva correcta, de manera transversal junto a la paridad, equidad, y empoderamiento de la mujer, todo trabajo hecho estará incompleto.

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